
¡ SI NO PUEDES DEFENDER CON TU VIDA LO QUE PIENSAS, MEJOR NO OPINES !
" EL MENSAJERO UNIVERSITARIO "
CIRCULAR NO.14.-- " Tristezas de la noche " por el General Juan Pablo Duarte Díez.
Triste es la noche, muy triste
para el pobre marinero
a quien en el Ponto fiero
acosa la tempestad.
para el pobre marinero
a quien en el Ponto fiero
acosa la tempestad.
Triste es la noche, muy triste
para el infeliz viajero
que en el ignoto sendero
descarrió la oscuridad.
Triste es la noche, muy triste
para el mísero mendigo
que sin pan, tal vez, ni abrigo
maldice a la sociedad.
Triste es la noche, muy triste
para el bueno y leal patricio
a quien aguarda el suplicio
que le alzó la iniquidad.
Mientras que del expatriado
no cambia la suerte ruda
y aún la misma muerte cruda
parece que le ha olvidado.
El corazón en dolor
ve venir la noche yerta
la adusta frente cubierta
de insomnio, angustia y rigor.
Vela llegar silenciosa
cual su destino, sombría
tan ajena de alegría
cuanto mustia y pavorosa.
Ve cómo asoma al dintel
de su albergue miserable
desterrando inexorable
la escasa luz que había en él.
Ve cómo extiende su manto
de tinieblas al entrar
y con ellas aumentar
del alma el hondo quebranto.
Ve de su sombra al horror
cuanto le fue bien querido,
y aun lo que fue aborrecido
para tormento mayor.
Que viene en pos de su huella
todo cuanto fue y no existe
y con su sombra se viste
de color más triste que ella.
¡Y cuando, tras la noche umbría,
para todos habrá un sol,
en su aguda pena impía
ni siquiera habrá arrebol!
AUTOR: Juan Pablo Duarte Díez.
Este es uno de los poemas encontrados gracias a los apuntes de su hermana Rosa Duarte y otros compañeros del patricio , los cuales, gracias a dios pudieron conservar dicho tesoro en referencia a nuestro patricio.
Duarte nació en Santo Domingo, el 26 de enero de 1813, y murió en Caracas, Venezuela, a los sesenta y tres años de edad, el 15 de julio de 1876, en su casa situada entre las esquinas del Zamuro y El Pájaro. Sus restos fueron enterrados en el cementerio llamado Tierra de Jugo y posteriormente traídos al país en febrero de 1884, por disposición del Ilustre Ayuntamiento Constitucional de Santo Domingo, del que era presidente José Pantaleón Castillo. Hoy reposan en el Altar de la Patria junto a los de sus compañeros Sánchez y Mella, que conforman con él nuestra tríada indiscutible de Padres de la Patria.

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