CIRCULAR NO.57.--“El dilema del sida en África: pobres optan por subsidio financiero en vez de medicinas..”
DURBAN, Sudáfrica—Zolile, una madre soltera de 25 años, está entre las pocas infectadas con el virus del sida que tienen la suerte de participar en el programa gubernamental que distribuye gratuitamente medicamentos avanzados para el tratamiento de la enfermedad. Las pastillas fortalecen su sistema inmunológico, alivian los síntomas y restablecen su salud siempre y cuando las tome dos veces al día.
Por esa razón, las dejó de tomar hace un mes. La decisión de Zolile representa un giro inesperado en la crisis del sida en Sudáfrica. El gobierno suministra a Zolile “cócteles” antiretrovirales. También ofrece un subsidio mensual por invalidez de US$130 —pero sólo si su salud empeora. Y si Zolile toma los medicamentos, probablemente no estará lo suficientemente enferma para calificar para el subsidio financiero.Para Zolile, fue una elección dolorosa pero clara. “Quiero enfermarme para que el médico me dé el subsidio, de modo que mis hijos tengan comida sana”, dice después de pedir que no se revele su apellido.
Trabajadores de la salud, activistas y académicos en Sudáfrica han empezado a hallar que un gran número de empobrecidos portadores del virus del sida están tomando la misma decisión, arriesgando sus vidas para obtener el subsidio del gobierno. “La pobreza y el hambre son capaces de llevar a las personas a hacer lo impensable”, dice Suzanne Leclerc-Madlala, jefa del departamento de antropología de la Universidad de KwaZulu-Natal, en Durban, quien ha estudiado el tema.
No existen estadísticas confiables sobre cuantos pacientes de sida en Sudáfrica dejan de tomar sus medicamentos para obtener la ayuda financiera. Los pacientes se niegan a reconocerlo públicamente, por temor a poner en riesgo su elegibilidad para los programas gubernamentales.
Pero hay abundante evidencia anecdótica, según profesionales de la salud y activistas. Asesores de pacientes con sida de uno de los mayores hospitales de Durban calculan que un 30% de sus clientes dice que no sigue el régimen de antiretrovirales porque espera enfermarse y calificar al subsidio por invalidez. “Estamos bastante alarmados por el número de pacientes que manipulan su régimen de medicamentos”, dice Maxine McCalla-Kay, ex jefe del Consorcio Sudafricano del Sida, entidad que agrupa a centenares de organizaciones. “Te parte el corazón, porque no hay esperanza”, dice McCalla-Kay, actual director de la división de investigación de salud reproductiva y VIH de la Universidad de Witwatersrand, en Johanesburgo.
Los subsidios por invalidez han creado un “incentivo perverso” para algunos pacientes con sida, dice Selwyn Jehoma, vicedirector general del programa de seguro social del gobierno sudafricano. “Es especialmente triste constatar que cuando esta persona tiene la oportunidad de mejorarse, elige no hacerlo en un esfuerzo por sobrevivir”, dice.
Cerca de 26 millones de personas en los países del África Subsahariana son portadoras del virus del sida, cerca de un 60% del total de los infectados a nivel mundial, según el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre VIH/SIDA (UNAIDS) y la Organización Mundial de la Salud.
La situación ha emergido en Sudáfrica porque es uno de los pocos países en desarrollo que ofrece subsidios sociales substanciales. Aunque Sudáfrica provee ayuda a ancianos y niños, sus subsidios por invalidez son virtualmente los únicos disponibles para adultos en edad de trabajar.
Para calificar para la ayuda financiera completa, la persona necesita ganar menos de 820 rands al mes — US$130— y no poder trabajar por un problema físico o mental. 1,3 millones de sudafricanos reciben los subsidios, muchos debido al sida. El país tiene más casos de sida que cualquier otro en el mundo, con un total estimado entre 5,3 millones y 6,3 millones de portadores del VIH.
El gobierno sudafricano no ha estipulado criterios específicos para determinar si un paciente con sida califica como discapacitado. La decisión recae sobre los médicos, quienes generalmente asignan la ayuda financiera a un paciente si, en las pruebas sanguíneas, el nivel de células CD4 — indicador de la fortaleza del sistema inmunológico— es de 200 o menos. Algunos hospitales han reducido el límite a 50, un nivel de inmunidad peligrosamente bajo. Una persona de buena salud sin VIH tiene un nivel de entre 500 y 1.500, según la Asociación Estadounidense de Química Clínica.
Los subsidios expiran después de seis meses. Para calificar para una extensión, los pacientes con sida necesitan comprobar que su sistema inmunológico sigue débil.
Es cada vez más común que pacientes desesperados busquen alternativas para no perder la ayuda. Muchos pagan a portadores con bajos niveles de CD4 para hacer la prueba de sangre con sus tarjetas de identificación. Otros mantienen relaciones sexuales con otros portadores antes de hacer las pruebas debido a la creencia de que la mezcla de distintas cepas del virus los enferman más. Y el gobierno, según Jehoma, del gobierno sudafricano, ha presentado cargos formales contra decenas de médicos corruptos que falsificaban certificados de invalidez. Generalmente, dice, cobran poco más que US$30 por el servicio ilícito.
Zolile, la madre soltera, dice que dejó de tomar sus medicamentos con la intención de que su nivel de CD4 cayera por debajo de 50, lo que en su opinión le garantiza el certificado de invalidez.
Los activistas sostienen que los pacientes más pobres continuarán permitiendo que su salud se deteriore para calificar al subsidio. Y el uso inconsistente de los antiretroviales no sólo pone en riesgo la vida de los pacientes, sino que eleva la posibilidad de una proliferación de cepas de virus del sida resistentes al tratamiento, dicen investigadores de salud. “Las personas están dispuestas a arriesgar su salud sin siquiera mirar que tipo de virus están creando”, dice Leclerc-Mdlala. “Es una locura”.
DURBAN, Sudáfrica—Zolile, una madre soltera de 25 años, está entre las pocas infectadas con el virus del sida que tienen la suerte de participar en el programa gubernamental que distribuye gratuitamente medicamentos avanzados para el tratamiento de la enfermedad. Las pastillas fortalecen su sistema inmunológico, alivian los síntomas y restablecen su salud siempre y cuando las tome dos veces al día.
Por esa razón, las dejó de tomar hace un mes. La decisión de Zolile representa un giro inesperado en la crisis del sida en Sudáfrica. El gobierno suministra a Zolile “cócteles” antiretrovirales. También ofrece un subsidio mensual por invalidez de US$130 —pero sólo si su salud empeora. Y si Zolile toma los medicamentos, probablemente no estará lo suficientemente enferma para calificar para el subsidio financiero.Para Zolile, fue una elección dolorosa pero clara. “Quiero enfermarme para que el médico me dé el subsidio, de modo que mis hijos tengan comida sana”, dice después de pedir que no se revele su apellido.
Trabajadores de la salud, activistas y académicos en Sudáfrica han empezado a hallar que un gran número de empobrecidos portadores del virus del sida están tomando la misma decisión, arriesgando sus vidas para obtener el subsidio del gobierno. “La pobreza y el hambre son capaces de llevar a las personas a hacer lo impensable”, dice Suzanne Leclerc-Madlala, jefa del departamento de antropología de la Universidad de KwaZulu-Natal, en Durban, quien ha estudiado el tema.
No existen estadísticas confiables sobre cuantos pacientes de sida en Sudáfrica dejan de tomar sus medicamentos para obtener la ayuda financiera. Los pacientes se niegan a reconocerlo públicamente, por temor a poner en riesgo su elegibilidad para los programas gubernamentales.
Pero hay abundante evidencia anecdótica, según profesionales de la salud y activistas. Asesores de pacientes con sida de uno de los mayores hospitales de Durban calculan que un 30% de sus clientes dice que no sigue el régimen de antiretrovirales porque espera enfermarse y calificar al subsidio por invalidez. “Estamos bastante alarmados por el número de pacientes que manipulan su régimen de medicamentos”, dice Maxine McCalla-Kay, ex jefe del Consorcio Sudafricano del Sida, entidad que agrupa a centenares de organizaciones. “Te parte el corazón, porque no hay esperanza”, dice McCalla-Kay, actual director de la división de investigación de salud reproductiva y VIH de la Universidad de Witwatersrand, en Johanesburgo.
Los subsidios por invalidez han creado un “incentivo perverso” para algunos pacientes con sida, dice Selwyn Jehoma, vicedirector general del programa de seguro social del gobierno sudafricano. “Es especialmente triste constatar que cuando esta persona tiene la oportunidad de mejorarse, elige no hacerlo en un esfuerzo por sobrevivir”, dice.
Cerca de 26 millones de personas en los países del África Subsahariana son portadoras del virus del sida, cerca de un 60% del total de los infectados a nivel mundial, según el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre VIH/SIDA (UNAIDS) y la Organización Mundial de la Salud.
La situación ha emergido en Sudáfrica porque es uno de los pocos países en desarrollo que ofrece subsidios sociales substanciales. Aunque Sudáfrica provee ayuda a ancianos y niños, sus subsidios por invalidez son virtualmente los únicos disponibles para adultos en edad de trabajar.
Para calificar para la ayuda financiera completa, la persona necesita ganar menos de 820 rands al mes — US$130— y no poder trabajar por un problema físico o mental. 1,3 millones de sudafricanos reciben los subsidios, muchos debido al sida. El país tiene más casos de sida que cualquier otro en el mundo, con un total estimado entre 5,3 millones y 6,3 millones de portadores del VIH.
El gobierno sudafricano no ha estipulado criterios específicos para determinar si un paciente con sida califica como discapacitado. La decisión recae sobre los médicos, quienes generalmente asignan la ayuda financiera a un paciente si, en las pruebas sanguíneas, el nivel de células CD4 — indicador de la fortaleza del sistema inmunológico— es de 200 o menos. Algunos hospitales han reducido el límite a 50, un nivel de inmunidad peligrosamente bajo. Una persona de buena salud sin VIH tiene un nivel de entre 500 y 1.500, según la Asociación Estadounidense de Química Clínica.
Los subsidios expiran después de seis meses. Para calificar para una extensión, los pacientes con sida necesitan comprobar que su sistema inmunológico sigue débil.
Es cada vez más común que pacientes desesperados busquen alternativas para no perder la ayuda. Muchos pagan a portadores con bajos niveles de CD4 para hacer la prueba de sangre con sus tarjetas de identificación. Otros mantienen relaciones sexuales con otros portadores antes de hacer las pruebas debido a la creencia de que la mezcla de distintas cepas del virus los enferman más. Y el gobierno, según Jehoma, del gobierno sudafricano, ha presentado cargos formales contra decenas de médicos corruptos que falsificaban certificados de invalidez. Generalmente, dice, cobran poco más que US$30 por el servicio ilícito.
Zolile, la madre soltera, dice que dejó de tomar sus medicamentos con la intención de que su nivel de CD4 cayera por debajo de 50, lo que en su opinión le garantiza el certificado de invalidez.
Los activistas sostienen que los pacientes más pobres continuarán permitiendo que su salud se deteriore para calificar al subsidio. Y el uso inconsistente de los antiretroviales no sólo pone en riesgo la vida de los pacientes, sino que eleva la posibilidad de una proliferación de cepas de virus del sida resistentes al tratamiento, dicen investigadores de salud. “Las personas están dispuestas a arriesgar su salud sin siquiera mirar que tipo de virus están creando”, dice Leclerc-Mdlala. “Es una locura”.
05-05-2006

3 Comments:
Very best site. Keep working. Will return in the near future.
»
I say briefly: Best! Useful information. Good job guys.
»
Very pretty design! Keep up the good work. Thanks.
»
Post a Comment
<< Home