Saturday, June 24, 2006



SI NO PUEDES DEFENDER CON TU VIDA LO QUE PIENSAS, MEJOR NO OPINES!
"EL MENSAJERO UNIVERSITARIO"
CIRCULAR NO.82.--"La lucha histórica entre Trujillo y Betancourt.."
Compañeros universitarios, periodistas, políticos y público en general,
En esta circular con el permiso de LIPE COLLADO me he tomado la libertad de plasmar sus letras y último escrito publicado en el periódico de circulación nacional El Listin Diario en fecha 23/06/2006 de la sección la Opinión donde este escritor hace referencia a "La lucha histórica entre Trujillo y Betancourt.." He tenido el deseo de compartir este artículo con ustedes para que al igual que yo puedan apreciar lo que argumenta este con notable escritor he historiador.
"La lucha histórica entre Trujillo y Betancourt.."
El viernes 24 de junio de 1960, al filo de las 9:30 de la mañana, el presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt, de 52 años de edad, arrellanado cómodamente en el asiento trasero del automóvil presidencial, se desplazaba por la Avenida de los Próceres, en Caracas, para una parada militar conmemorativa del Día del Ejército y de la decisiva batalla de Carabobo, en 1821, que refrendó definitivamente el triunfo independentista venezolano. De repente, una devastadora explosión hizo saltar por los aires el automóvil, lo incendió parcialmente y casi lo despedazó.
El presidente Betacourt, seriamente herido, emergió, como un fantasma ennegrecido, de los restos del automóvil en el que murieron el capitán de fragata J. López Parra, ayudante naval, y el coronel Ramón Armas Pérez, jefe de la Casa Militar de la Presidencia.
En medio del estupor general, el Ministro de Interior y Policía, jefe del consejo de ministros, se presentó al palacio de Miraflores, desplazó tanques y soldados en los alrededores y convocó para las 11:15 a.m. una reunión del gabinete. Una hora después, el gabinete, la policía, los militares y el partido oficialista Acción Democrática tenían en sus manos el hilo del ovillo, el hilo conductor del atentado con dinamita contra el presidente Betancourt: el tirano de República Dominicana, generalísimo Rafael Leonidas Trujillo Molina.
Un cable de UPI, fechado el mismo día en Caracas, informaba en su último párrafo lo que ciertamente había acontecido:
“Un informante militar dijo que al parecer la bomba fue colocada en un automóvil estacionado a la entrada de la Avenida de los Próceres, bomba que estalló por control remoto cuando el coche presidencial se hallaba a la misma altura”.
Este atentado contra el Jefe de Estado de una nación varias veces poderosa -de casi un millón de kilómetros cuadrados, esto es, 20 veces más grande que la República Dominicana, economía en pleno crecimiento, fuerzas armadas poderosas y un gobierno ejemplarmente democrático- estuvo plenamente justificado por el trujillismo como una acción vengativa a la luz de la intriga y poderes políticos sangrientos en la América Latina de esos años, pero devino en el factor principal de la caída en vertical de una tiranía que había picado hacia abajo en junio de 1959.
A 46 años de aquel fallido magnicidio podemos concluir en que: 1) para Betancourt, líder democrático continental, era más que un deber político contribuir con los esfuerzos de sacar a Trujillo del poder y propiciar una democracia y 2) para Trujillo la eliminación física de Betancourt -a quien había intentado matar el 20 de abril de 1951 en La Habana- se vinculaba con la necesidad de sobrevivir políticamente.
Valga ahora recordar que Fidel Castro y Betancourt -quien asumiría el poder el 13 de febrero de 1959- se habían reunido el 23 de enero de 1959 en ciudad de Ávila, Venezuela, dentro del marco de los preparativos de probablemente la más grande expedición armada de exiliados en el Caribe -antes de la Bahía de Cochinos, en Cuba- la de los días 14 y 19 de junio de 1959, por Constanza, Maimón y Estero Hondo.
Aunque el generalísimo Trujillo comprendía el enorme significado nacional e internacional de aquella expedición, reaccionó erráticamente, a exceso de velocidad sangrienta, carente del sentido del equilibrio que le permitiera jugar el chantaje político internacional, usando a los expedicionarios presos como escudo frente a Cuba, Venezuela y la OEA. En cambio, los vejó, los torturó sin misericordia e hizo que los cadetes y oficiales militares los fusilaran.
Trujillo quedó al desnudo y aceleró el proceso del peligroso aislamiento en el que había caído. Cuba rompió relaciones diplomáticas y comerciales el 26 de junio de 1959, y antes, el 13 de junio, lo había hecho Venezuela; en mayo de 1960, Colombia, y luego Perú, Ecuador y Bolivia. Honduras había retirado su embajador en 1957.
Betancourt, nacido en 1908, había luchado duramente contra los dictadores venezolanos y había sido presidente provisional de 1945 a 1948. También había creado el Partido Acción Democrática, de corte popular e ideológico, y era un líder continental de la izquierda democrática, la opción intermedia entre Trujillo y Fidel Castro, entre la tiranía de derecha y el comunismo.
Trujillo era la simbología de un orden que desaparecía. Avasallante, valiente, violento, indomable e inteligente, sus emocionalismos dictatoriales le impidieron otear previamente la gravedad de un magnicidio en Latinoamérica de 1960. Por eso lo intentó y luego se solazaba en su error: el 24 de julio de 1960 El Caribe publicó, a modo de burla, una fotografía de un Rómulo Betancourt encorvado, que salía de un auto con las manos vendadas. La tituló; “Así quedó Betancourt”. Y el pie informativo hablaba de su “estado de incapacidad física” (...) “padeciendo un grave quebranto mental!
El presidente Betancourt, luego de probar ante la opinión pública internacional que el generalísimo Trujillo era el responsable del fallido magnicidio, inició una ofensiva diplomática que culminó inicialmente el 21 de agosto de 1960 con la ruptura unánime de relaciones diplomáticas de los países americanos bajo la sombrilla de la OEA, y posteriormente con las sanciones económicas.
El 26 de agosto los Estados Unidos rompieron relaciones diplomáticas, pero no consulares, y paralelamente implementaron a fondo una política de estímulo de la eliminación física de Trujillo, dándole apoyo a grupos internos antitrujillistas. Entretanto Trujillo llegó a una “entente” con Castro, inauguró la poderosa Radio Caribe, de 50 kilos, “La voz antillana que le da la vuelta al mundo”, para neutralizar la resistencia interna y atacar y defenderse en el plano internacional.
Radio Caribe, como parte de la cadena de comunicación presagiosa de la tiranía, instauró el terror verbal contra Betancourt y otros dentro del marco de la guerra radioarmamentista internacional y a lo interno contra los sacerdotes y la Iglesia Católica, la Embajada de los Estados Unidos y la resistencia interna, pero esta es otra historia digna de contarse otro día.
El Match Trujillo - Betancourt (que duró aproximadamente 20 años) es una prueba más de que las confrontaciones políticas e ideológicas derivan en confrontaciones temperamentales y emocionales, valga decir, confrontaciones personales, que dejan sedimentos de odios y admiraciones de doble vía. Tanto así, que Betancourt, el obstinado antitrujillista, llegó a decir y repetir en 1962 a dominicanos en el palacio de Miraflores esta perla casi admirativa:
Trujillo tenía condiciones de gobernante a tal grado que daba para gobernar a la Alemania de antes de la Segunda Guerra Mundial. Esto es, hubiera sido un Hitler.
Autor: Lipe Collado.
Hamlet I. Medrano Miolán
Estudiante de la Lic. en Derecho (uasd)
mensjuniv1j4@hotmail.com
24/06/2006

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